Estados Unidos y China están aumentando sus inversiones mineras en el extranjero mientras compiten por los minerales necesarios para la inteligencia artificial, la electrificación y otras tecnologías. Brasil forma parte de un pequeño grupo de países que atraen dinero de ambas potencias, junto con la República Democrática del Congo y Kazajistán.

La estrategia de Estados Unidos en Brasil se ha centrado en las tierras raras. En septiembre, USA Rare Earth, una empresa que cotiza en bolsa y en la que el Gobierno estadounidense tiene una participación, tomó el control de Serra Verde, descrita en la fuente como el único productor fuera de Asia de cuatro de los minerales de tierras raras más escasos. La empresa ha gastado 2.800 millones de dólares en la adquisición. Se espera que un paquete adicional organizado por el Departamento de Guerra de Estados Unidos, junto con un préstamo de la Corporación Financiera de Desarrollo, eleve la inversión total estadounidense a casi 5.000 millones de dólares.

La inversión china en Brasil ha sido más amplia. Las empresas chinas invirtieron alrededor de 6.000 millones de dólares en el país el año pasado, más que en cualquier otro país, y aproximadamente un tercio de esa cantidad se destinó a minas que producen minerales como níquel, cobre y oro.

El aumento refleja una competencia más amplia por minas existentes y proyectos que puedan completarse o volver a ponerse en funcionamiento con relativa rapidez. El año pasado, la República Democrática del Congo, Brasil, Kazajistán, Zambia y Canadá concentraron casi el 80 % de las inversiones mineras combinadas de ambas potencias en el extranjero.

La competencia también ha permitido a los países anfitriones negociar mejores condiciones. En la República Democrática del Congo, las autoridades consiguieron que China se comprometiera a compartir más datos y a ampliar el procesamiento local de minerales. Kazajistán obtuvo una participación mayor en una empresa conjunta de tungsteno respaldada por Estados Unidos de la que Washington había ofrecido inicialmente, según dos funcionarios estadounidenses que participaron en las negociaciones.

La estrategia de dar prioridad a los activos disponibles tiene sus límites. Desarrollar nuevos yacimientos minerales puede llevar una década o más, mientras que los presupuestos de exploración no se han recuperado desde el final del auge anterior de las materias primas. La fuente señala que la participación de los gobiernos de ambas potencias también puede complicar las señales de precios que las empresas mineras utilizan para decidir si desarrollan nuevos proyectos. Sin embargo, para los países con yacimientos ya listos para su explotación, la competencia está atrayendo inversiones y la posibilidad de un aumento de la actividad minera.

Fuentes: Folha Mercado.