La educación ayudó a cambiar la vida de Michael França, pero por sí sola no deshace la desigualdad racial, sostiene en un artículo de opinión sobre «Power and Prejudice: The State and Racial Discrimination in Brazil, the United States and Nova Scotia», un libro que escribió junto al profesor de Stanford Martin Carnoy. França recuerda que Carnoy advirtió que la educación puede ayudar, pero no puede corregir un sistema fuertemente inclinado en contra de las personas negras.
La educación puede favorecer la movilidad social: una persona joven de una familia de bajos ingresos puede graduarse de la universidad y alcanzar un nivel de vida mejor que el de sus padres. Pero, si las familias adineradas siguen obteniendo las credenciales más valoradas, escribe França, la jerarquía social general puede permanecer prácticamente intacta.
Las escuelas y las universidades distribuyen credenciales que contribuyen a determinar quiénes acceden a puestos prestigiosos. Cuando las calificaciones y los diplomas se consideran pruebas del mérito individual, pueden ocultarse las diferencias que tienen su origen en las oportunidades desiguales, haciendo que una competencia desigual parezca justa, sostiene.
El libro compara Brasil, Estados Unidos y Nueva Escocia. Pese a sus distintas historias, afirma França, los trabajadores negros de estas sociedades siguen ganando menos que los trabajadores blancos con niveles de educación similares. Ese patrón apunta a barreras que van más allá de la escolarización, incluida la discriminación en el mercado laboral.
Una mayor educación puede ayudar a las personas a competir por buenos empleos, pero no garantiza que puedan acceder a ellos. Si la cantidad de puestos deseables se mantiene igual mientras más personas obtienen credenciales, aumenta el grupo de candidatos sin que se creen más oportunidades. França también cita la Segunda Guerra Mundial, cuando los trabajadores negros de Estados Unidos pasaron a ocupar empleos industriales mejor remunerados sin aumentar antes su nivel educativo, lo que contribuyó a reducir las diferencias salariales.
França afirma que sigue siendo esencial invertir en escuelas de calidad, en particular para los niños de familias pobres. También sostiene que las políticas públicas deben abordar las normas del mercado laboral, incluida la discriminación en la contratación y el acceso desigual a los empleos mejor remunerados, para que los títulos tengan un valor similar para las personas negras y blancas.
Al reflexionar sobre su propia experiencia, França dice que la educación abrió puertas que antes parecían fuera de su alcance. Sin embargo, las personas desfavorecidas a menudo tienen que esforzarse más y renunciar a más cosas para aprovechar esas oportunidades, y no todo el mundo logra sus objetivos. La gira de presentación del libro comenzará en Salvador el miércoles 4 de noviembre y continuará en Brasilia, Río de Janeiro y São Paulo.
Fuentes: Folha Mercado.