El Bund de Shanghái capta el contraste que se encuentra en el centro del debate actual. Sus edificios coloniales neoclásicos reflejan la antigua influencia financiera europea de la ciudad, mientras que el perfil urbano al otro lado del río Huangpu simboliza el poder económico actual de China.

Esa transformación ha cambiado el enfoque de los debates sobre los desequilibrios globales. Los debates anteriores se centraban en las posiciones de la cuenta corriente y en la relación entre el ahorro y la inversión nacionales, incluido el déficit de Estados Unidos y los superávits de países como Alemania. El debate actual se ocupa más de las consecuencias del superávit de China y de su dominio en industrias estratégicas.

La escala de China es fundamental para este cambio. Su economía se ha expandido rápidamente y ahora es la segunda mayor del mundo por PIB nominal en dólares. China también posee una proporción de la manufactura mundial superior a la suma de las proporciones de Estados Unidos, Alemania y Japón, y se ha convertido en un productor líder en un número cada vez mayor de sectores estratégicos.

Las preocupaciones geopolíticas han llevado a los Gobiernos a priorizar la resiliencia y la seguridad nacional mediante la política industrial y el proteccionismo. Este enfoque, descrito como neomercantilismo, está impulsado en parte por la creencia de que el declive del empleo manufacturero provocó el auge del populismo y de que el éxito chino es principalmente resultado de los subsidios. El análisis sostiene que estas opiniones pasan por alto los planes de inversión a largo plazo de China y la dimensión de su mercado interno, que ha permitido a las empresas crecer y competir a escala mundial.

Las medidas proteccionistas han producido hasta ahora resultados limitados. Después de una década de aranceles más elevados, sanciones y restricciones a las importaciones, Estados Unidos no ha reducido ni su déficit comercial ni su dependencia de China. Las importaciones directas procedentes de China han disminuido, pero el comercio se ha desviado a través de terceros países.

El artículo distingue entre los desequilibrios macroeconómicos y la competitividad sectorial. El superávit de la cuenta corriente de China está vinculado al colapso de su sector inmobiliario, no a una política comercial específica, del mismo modo que el déficit comercial de Estados Unidos está vinculado a su déficit fiscal. Las políticas que aumenten el consumo interno chino o estabilicen el mercado inmobiliario podrían reducir el superávit, pero no necesariamente debilitarían la posición de China en la manufactura mundial.

Por tanto, la brecha industrial se presenta como principalmente sectorial. La inversión sostenida de China en industrias estratégicas ha reforzado su liderazgo manufacturero, mientras que Europa se ha concentrado excesivamente en el ahorro en lugar de la inversión y, particularmente en el caso de Alemania, ha dependido demasiado de su fortaleza industrial pasada.

El entorno macroeconómico también favorece actualmente a China. La desaceleración del sector inmobiliario está creando presiones deflacionarias y mejorando la competitividad de su tipo de cambio real durante un periodo de rápido progreso tecnológico. Europa podría, en teoría, perseguir un tipo de cambio más débil, pero las presiones inflacionarias limitan esa opción, y el superávit comercial de la zona euro no genera una fuerte tendencia hacia la depreciación.

Como el problema es principalmente sectorial, la respuesta propuesta también debería ser sectorial, en lugar de centrarse en los tipos de cambio. China gestiona su moneda mientras mantiene una cuenta de capital cerrada, pero una moneda plenamente flotante podría depreciarse aún más, como ocurrió en 2015.

Gestionar el deterioro industrial de las economías occidentales requerirá medidas ofensivas, incluida la inversión en sectores avanzados y políticas industriales regionales que apoyen la transición. Es poco probable que los aranceles y las cuotas por sí solos proporcionen una respuesta duradera. Cualquier estrategia europea ante un posible conflicto comercial con China requeriría primero una mayor capacidad industrial interna para resistir las represalias.

Es poco probable que la competencia geopolítica más amplia desaparezca. China y Estados Unidos están invirtiendo intensamente para asegurar el liderazgo tecnológico y el control de sectores estratégicos. China lleva años buscando una mayor autosuficiencia en recursos naturales, mientras que Estados Unidos ha adoptado una estrategia similar mediante un aumento de la inversión en el hemisferio occidental.

Europa sigue expuesta porque está rezagada en tecnología y depende de suministros externos de recursos naturales, mientras que la incertidumbre sobre Ucrania aumenta su vulnerabilidad. La influencia futura de la región dependerá de si puede convertir la inversión en una base industrial moderna. Sin ese esfuerzo, las defensas proteccionistas seguirán siendo ineficaces y poco creíbles, y la influencia geopolítica de Europa continuará debilitándose.

Fuentes: El País Economía.