Mientras los empleados del sector público se preparan para una huelga y movilización el 5 de noviembre, el núcleo de sus demandas se centra en dotar a los servicios públicos de los recursos necesarios para satisfacer las necesidades de la población. En un artículo de opinión publicado en Le Monde, las profesoras de gestión de recursos humanos Caroline Manville y Karim Mignonac cuestionan la noción de que estas reclamaciones sean meramente retóricas o impulsadas por intereses categóricos. En cambio, enfatizan que el deseo de contribuir efectivamente al interés general sigue siendo una motivación primaria para los agentes públicos, un impulso vital pero frágil para el colectivo.

Las investigadoras explican que este motor motivacional puede debilitarse o romperse cuando se acumulan obstáculos que obstaculizan la capacidad de los trabajadores para ser útiles. Estas barreras incluyen personal insuficiente, falta de equipos o equipos inadecuados, procedimientos excesivamente onerosos y objetivos contradictorios. Las autoras ilustran estas restricciones con ejemplos específicos: profesores obligados a alojar a estudiantes en aulas heladas durante el invierno o en habitaciones sobrecalentadas en verano; trabajadores sanitarios que dejan a pacientes en camillas durante horas debido a la falta de camas disponibles; bomberos incapaces de intervenir porque no hay suficientes camiones; agentes de policía enfrentando tantos procedimientos que las denuncias permanecen pendientes durante meses; y magistrados manejando cargas de trabajo crecientes sin tiempo suficiente para cada expediente.

En cada caso, se impide al funcionario público cumplir plenamente su misión, lo que hace disminuir su sentido de utilidad. Basándose en una investigación que siguió a varios miles de funcionarios públicos franceses durante seis años, Manville y Mignonac describen una dinámica perjudicial donde la acumulación de restricciones erosiona este sentido de utilidad. Las consecuencias incluyen un deterioro del bienestar de los agentes. Para protegerse, los trabajadores comienzan a distanciarse de sus deberes llegando tarde, marchándose temprano, extendiendo los descansos o tomando bajas por enfermedad. Las profesoras concluyen que lo que se ahorra hoy puede costar más mañana o simplemente desplazar el gasto a otro lugar.

Fuentes: Le Monde Économie.