Los inversores en renta fija suelen centrarse en cuánto podría rendir una inversión y prestar menos atención a lo que podrían perder si las cosas salen mal. Tres errores pueden dejar expuestos incluso a los inversores experimentados: concentrar demasiado las inversiones en un solo emisor, elegir bonos únicamente por su rendimiento y confundir la fiabilidad de un emisor con la adecuación de una inversión a sus necesidades.

El primer error es la concentración excesiva. Un título de deuda tradicional mantenido hasta su vencimiento ofrece el rendimiento establecido en sus condiciones, pero un incumplimiento puede poner en riesgo una parte sustancial del capital. A diferencia de una acción que podría subir drásticamente, una inversión de renta fija, por lo general, no ofrece una posibilidad equivalente de obtener ganancias extraordinarias que compensen una pérdida importante.

Por ejemplo, una inversión de R$1 millón en un bono que paga un 15% anual generaría R$150.000 en intereses durante el primer año. Sin embargo, una pérdida del 50% del capital equivaldría a R$500.000. Si el dinero se dividiera en partes iguales entre 20 emisores independientes, una pérdida del 50% en un emisor reduciría la cartera total en un 2,5%. El artículo recomienda distribuir las inversiones entre distintos emisores y evitar asignar más del 3% a cualquiera de ellos. Los fondos de renta fija pueden ayudar a mitigar este riesgo mediante la diversificación.

El segundo error es elegir un bono simplemente porque ofrece el rendimiento más alto. Un bono que paga el 120% del CDI puede parecer más atractivo que uno que paga el 105%, pero la diferencia podría reflejar un mayor riesgo de crédito, una menor liquidez o condiciones menos favorables. La diversificación puede limitar el impacto de un incumplimiento, mientras que evaluar el rendimiento adicional ayuda a los inversores a decidir si el riesgo vale la pena.

Una comparación entre bonos que pagan un 12% y un 15% anual ilustra la disyuntiva: los tres puntos porcentuales adicionales pueden parecer atractivos, pero una pérdida del 30% del capital equivaldría a diez veces el rendimiento adicional del primer año. Los inversores deben considerar no solo cuánto podrían ganar, sino también cuánto podrían perder y la probabilidad de esa pérdida.

El tercer error es suponer que un emisor fiable convierte automáticamente una inversión en una opción adecuada. Quien compra un bono Tesouro IPCA+ a largo plazo para financiar la compra de una propiedad dentro de dos años podría afrontar una pérdida importante si suben las tasas de interés y tiene que venderlo antes del vencimiento, incluso si no hay incumplimiento.

Otros desajustes también pueden perjudicar un plan. La inflación puede erosionar el poder adquisitivo de los rendimientos de un bono a tasa fija, mientras que un inversor que depende de rendimientos vinculados al CDI podría descubrir que sus ingresos disminuyen tras una reducción de la tasa Selic. El riesgo relevante no es únicamente no recibir el pago; también es no disponer del importe necesario, en las condiciones adecuadas, cuando se necesita el dinero.

Estos errores pueden acumularse: un inversor atraído por una tasa alta podría concentrar su dinero en un bono que no se ajuste a sus objetivos. Diversificar, buscar una compensación acorde con el riesgo y adaptar las inversiones al horizonte temporal puede ayudar a proteger el capital, aunque no genere el mayor rendimiento posible.

Fuentes: Folha Mercado.