Casi la mitad de los brasileños encuestados afirma que prefiere socializar con amigos por internet en lugar de hacerlo en persona, según Global Trends 2024 de Ipsos. Los encuestados eran más urbanos, tenían un mayor nivel educativo y mayores ingresos que la población en general. El cambio no se limita a Brasil: en Estados Unidos, el tiempo que se pasa con amigos en casas y parques ha caído casi a la mitad desde 2013, hasta un promedio de 1,5 horas a la semana, mientras que han aumentado las visitas al gimnasio y las actividades en solitario.
En su columna, Deborah Bizarria señala el costo de salir y la facilidad del entretenimiento en pantalla como factores que pueden desalentar los planes presenciales. Recibir amigos requiere coordinación y preparación, mientras que ver videos o contenido en streaming exige poco esfuerzo y permite cambiar fácilmente a otra cosa.
Las investigaciones citadas en la columna sugieren que la incomodidad inicial de la interacción social puede verse compensada por sus beneficios. En un experimento, los pasajeros de un tren a quienes se pidió que hablaran con desconocidos dijeron haber tenido trayectos más agradables que aquellos a quienes se pidió que permanecieran solos. Otro estudio concluyó que las personas que dejaron de usar Facebook durante cuatro semanas pasaron más tiempo con amigos y familiares, pero también vieron más televisión a solas. Reducir el uso de las redes sociales, sostiene Bizarria, no garantiza por sí solo un mayor contacto social: los encuentros dependen de la disponibilidad y la disposición de otras personas a participar.
El desafío también es de coordinación. Organizar un partido de fútbol implica reservar una cancha, reunir el dinero y encontrar reemplazos. Si la gente confirma a último momento para mantener abiertas sus opciones, el partido puede cancelarse. Las dificultades reiteradas pueden desanimar a quienes organizan y hacer más difícil planear actividades futuras.
Bizarria sostiene que a menudo las personas quieren los beneficios de la comunidad sin asumir los compromisos que la mantienen. Los vínculos compartidos permiten organizar actividades, ofrecer ayuda y repartir responsabilidades. Relaciona esta idea con el argumento del politólogo Robert Putnam en “Bowling Alone” sobre el declive de la vida comunitaria.
La columna también distingue entre las declaraciones políticas públicas y la participación cotidiana. Ayudar en un bazar para recaudar fondos de una iglesia, participar en un consejo profesional o incorporarse a una asociación vecinal requiere tiempo, desplazamientos y trabajo en común. Los grupos de corredores, los clubes de lectura y las clases de baile también pueden reunir regularmente a las mismas personas y crear oportunidades para que crezcan las amistades.
Bizarria dice que reserva espacio en su propia agenda tanto para pasar tiempo en casa como para actividades sociales recurrentes, como tomar un café, asistir a cumpleaños y participar en eventos de la iglesia. Mantener esos planes flexibles, escribe, ayuda a equilibrar el descanso con el tiempo compartido con otras personas, en vez de dejar que la comodidad de quedarse en casa determine qué lugar ocupan en su vida.
Fuentes: Folha Mercado.