El auge de la inversión necesaria para construir infraestructura de inteligencia artificial podría exponer a las empresas y a la economía en general a riesgos significativos, sostiene Martin Wolf en un artículo de opinión. La preocupación no es que la IA deje de ser transformadora, sino que el auge de la inversión podría ser difícil de sostener si no se materializan los rendimientos esperados.

Un estudio de Stijn van Nieuwerburgh, de Columbia Business School, estima que el gasto de Estados Unidos en infraestructura de IA promediará el 3,6% del producto interno bruto entre 2025 y 2032. Esa cifra superaría las proporciones promedio destinadas a los ferrocarriles entre 1870 y 1890 y a las autopistas entre 1956 y 1973, lo que, según el estudio, lo convertiría en el mayor ciclo de inversión registrado en un solo sector.

El gasto de capital de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle aumentó de 97.000 millones de dólares en 2020 a 416.000 millones en 2025. Las proyecciones de las empresas sitúan la cifra en 801.000 millones de dólares en 2026. Aunque las cinco compañías todavía generaron en 2025 más efectivo operativo del que gastaron en inversiones de capital, se espera que la situación se invierta en 2026: la inversión proyectada superaría el flujo de efectivo operativo en 93.000 millones de dólares, y el gasto de capital alcanzaría el 113% de la generación de efectivo.

La financiación de la construcción de centros de datos también se está volviendo más compleja. Junto con la inversión directa de las grandes empresas de computación en la nube, desarrolladores especializados, fondos inmobiliarios y de infraestructura, e inversores de capital privado están construyendo o comprando instalaciones y alquilando capacidad a grandes empresas tecnológicas y otros usuarios. El estudio de Van Nieuwerburgh señala que la deuda con calificación pública representa solo una proporción relativamente pequeña de la financiación de los centros de datos; montos mayores provienen de préstamos bancarios sindicados y crédito privado, sobre los que hay poca información pública.

Esa estructura podría transmitir y amplificar los riesgos, advierte el estudio. Los propietarios de centros de datos afrontan una posible concentración de inquilinos y demanda, una rápida obsolescencia tecnológica y obstáculos políticos u operativos para los proyectos. El sector también está cada vez más interconectado: los diseñadores de chips, los proveedores de servicios en la nube, los operadores de centros de datos y los inversores en infraestructura dependen unos de otros mediante contratos a largo plazo, inversiones estratégicas y acuerdos de financiación.

El ciclo de inversión es lo bastante grande como para afectar a la economía en general. Un estudio de la Reserva Federal concluyó que el gasto en equipos informáticos, software y centros de datos aportó más de un punto porcentual al crecimiento anualizado del PIB de Estados Unidos en el primer trimestre, en comparación con el trimestre anterior. Las importaciones netas de esas categorías compensaron parte de esa contribución.

Wolf también señala las vulnerabilidades de los mercados de valores estadounidenses, donde los llamados Siete Magníficos han contribuido a impulsar al alza los precios de las acciones y las valoraciones han alcanzado niveles pocas veces vistos. Observa que un rendimiento real de las ganancias ajustado cíclicamente del 2,5% está apenas por encima de la tasa de interés real actual, un nivel que exigiría un crecimiento futuro de los beneficios inusualmente sólido para estar justificado.

En ocasiones, los auges de inversión impulsados por nuevas tecnologías han terminado en crisis financieras. Wolf sostiene que cuanto más se prolonguen el ciclo de inversión en IA y la ingeniería financiera asociada, mayores serán los posibles daños económicos cuando termine el auge. Los recientes sobresaltos del mercado, escribe, apuntan a la posibilidad de un ajuste de cuentas, aunque no afirma que la propia IA vaya a perder su potencial transformador.

Fuentes: Folha Mercado.